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El barco del tesoro

Saki

El gran gale√≥n yac√≠a semienterrado bajo la arena, los yuyos y el agua de la bah√≠a septentrional donde los azares de la guerra y el tiempo lo hab√≠an instalado. Hab√≠an pasado tres siglos y un cuarto desde que hab√≠a navegado en alta mar como una importante unidad de un escuadr√≥n de guerra; precisamente en qu√© escuadr√≥n era el punto en que los expertos no se pon√≠an de acuerdo. El gale√≥n no hab√≠a aportado nada al mundo, pero seg√ļn la tradici√≥n y la informaci√≥n, se hab√≠a llevado mucho de √©l. ¬ŅPero cu√°nto? En esto nuevamente los expertos estaban en desacuerdo. Algunos eran tan generosos en sus c√°lculos como un asesor de impuestos, otros aplicaban una cr√≠tica m√°s fuerte a los cofres del tesoro sumergidos, y otros rebajaban su contenido a una moneda de oro ficticio. A la primera clase pertenec√≠a Lul√ļ, duquesa de Dulverton.

La duquesa no s√≥lo cre√≠a en la existencia de un tesoro hundido de proporciones tentadoras; tambi√©n cre√≠a conocer un m√©todo por el cual dicho tesoro pod√≠a ser localizado con precisi√≥n y desenterrado sin mucho gasto. Una t√≠a materna de ella hab√≠a sido dama de honor en la corte de M√≥naco y ten√≠a un respetable inter√©s en las investigaciones de aguas profundas a las que el trono de su pa√≠s, impaciente quiz√°s a causa de sus restricciones territoriales, sol√≠a dedicarse. Fue a trav√©s de la intervenci√≥n de esa parienta que la duquesa se enter√≥ de un invento, perfeccionado y casi patentado por un sabio monegasco, por medio del cual podr√≠a estudiarse la vida dom√©stica de la sardina mediterr√°nea a una profundidad de muchas brazas con un fr√≠a luz blanca que brillaba m√°s que la ara√Īa de un sal√≥n de baile. Comprendida en este invento (y a los ojos de la duquesa la parte m√°s afectiva de √©l) hab√≠a una draga el√©ctrica de succi√≥n, especialmente dise√Īada para arrastrar a la superficie los objetos de inter√©s y valor que pudieran encontrarse en los niveles m√°s accesibles del lecho del oc√©ano. Los derechos de invenci√≥n pod√≠an adquirirse por alrededor de mil ochocientos francos y el aparato por algunos miles m√°s. La duquesa de Dulverton, que era rica en los t√©rminos en que el mundo calculaba la riqueza, abrigaba la esperanza de ser rica alg√ļn d√≠a seg√ļn sus propios c√°lculos. Se hab√≠an establecido compa√Ī√≠as y se hab√≠an hecho repetidos esfuerzos en el curso de tres siglos para sondear los alegados tesoros del interesante gale√≥n: con la ayuda de este invento consideraba que podr√≠a investigar el buque naufragado privada e independientemente. Despu√©s de todo, uno de sus antepasados maternos descend√≠a de Medina Sidonia, de modo que consideraba que ten√≠a tanto derecho al tesoro como cualquier otro. Adquiri√≥ los derechos del invento y compr√≥ el aparato. Entre otras relaciones y cargas familiares, Lul√ļ ten√≠a un sobrino, Vasco Honiton, un joven caballero con una peque√Īa renta y un amplio c√≠rculo de relaciones, que viv√≠a imparcial y precariamente de ambos. El nombre Vasco le hab√≠a sido puesto en la esperanza de que hiciera honor a su tradici√≥n aventurera, pero √©l se limitaba estrictamente a la industria aventurera dom√©stica, prefiriendo explotar lo conocido a explorar lo desconocido. La relaci√≥n de Lul√ļ con √©l se hab√≠a restringido en los √ļltimos a√Īos al proceso negativo de estar ausente de la ciudad cuando la visitaba y corta de dinero cuando le escrib√≠a. Ahora, sin embargo, se acord√≥ de √©l en relaci√≥n con su perfecta adecuaci√≥n para dirigir el experimento de la b√ļsqueda del tesoro; si alguien pod√≠a extraer oro de una poco prometedora situaci√≥n ser√≠a ciertamente Vasco, por supuesto con la necesaria salvaguarda de una buena supervisi√≥n. Cuando se trataba de una cuesti√≥n de dinero, la conciencia de Vasco era propensa a accesos de obstinado silencio.

En alg√ļn lugar en la costa occidental de Irlanda la propiedad de Dulverton inclu√≠a unos pocos acres de guijarros, roca y brezo, demasiado est√©riles para soportar aun un fracaso agrario, pero rodeaba una peque√Īa y bastante profunda bah√≠a donde la pesca de langostas era buena en casi todas las temporadas. Hab√≠a una peque√Īa e inhospitalaria casa en la propiedad, y para aquellos que gustaban de las langostas y la soledad y eran capaces de aceptar las ideas de un cocinero irland√©s sobre lo que pod√≠a perpetrarse bajo el nombre de mayonesa, Innisgluther era una exilio tolerable durante los meses de verano. Lul√ļ rara vez iba all√≠, pero prestaba generosamente la casa a amigos y parientes. Ahora la puso a disposici√≥n de Vasco.

-Ser√° el lugar perfecto para realizar un experimento con el aparato de recuperaci√≥n -dijo- y podr√°s probar todo perfectamente antes de comenzar con la b√ļsqueda del tesoro.

En menos de tres semanas Vasco apareció en la ciudad para informar de los progresos.

-El aparato funciona espléndidamente -informó a su tía-, cuanto más profundo se llegaba más claro se veía todo. ¡Encontramos también algo como los restos de un naufragio para trabajar sobre él!

-¬ŅUn naufragio en la Bah√≠a de Innisgluther? -exclam√≥ Lul√ļ.

-Un bote a motor sumergido, el Sub-Rosa -dijo Vasco.

-¬°No! ¬ŅRealmente? -dijo Lul√ļ-, el bote del pobre Billy Yuttley. Recuerdo que se hundi√≥ en alguna parte afuera de esa costa hace alrededor de tres a√Īos. Su cuerpo fue rescatado en la Punta. La gente dijo en esa √©poca que el bote hab√≠a zozobrado intencionalmente -un caso de suicidio-, comprendes. La gente siempre dice esa clase de cosas cuando sucede algo tr√°gico.

-En este caso tenían razón -dijo Vasco.

-¬ŅQu√© quieres decir? -pregunt√≥ la duquesa apresuradamente. -¬ŅQu√© te hace pensar as√≠?

-Lo sé -dijo el Vasco simplemente.

-¬ŅSaberlo? ¬ŅC√≥mo puedes saberlo? ¬ŅC√≥mo puede nadie saberlo? Eso sucedi√≥ hace tres a√Īos.

-En un armario en el Sub-Rosa encontré una caja fuerte a prueba de agua. Contenía papeles.

-Vasco hizo una pausa con efecto dramático y buscó un momento en el bolsillo interior de su chaqueta. Extrajo una hoja de papel doblada. La duquesa se la arrebató con una precipitación casi indecente y se acercó muy cerca de la chimenea.

-¬ŅEstaba esto en la caja fuerte del Sub-Rosa? -pregunt√≥.

-¬°Oh, no! -dijo Vasco distra√≠damente- √©sa es una lista de gente bien conocida que estar√≠an implicadas en un esc√°ndalo muy desagradable si los papeles del Sub-Rosa se hicieran p√ļblicos. Te puso en el primer lugar; los dem√°s est√°n por orden alfab√©tico.

La duquesa recorrió con desamparo la seguidilla de nombres, que parecían por el momento incluir a todos lo que conocía. Por cierto, su propio nombre a la cabeza de la lista ejercía un efecto casi paralizante sobre su capacidad de pensar.

-¬ŅNaturalmente has destruido los papeles? -pregunt√≥ cuando se hab√≠a recuperado algo. Ten√≠a conciencia de que hac√≠a el comentario con una entera falta de convicci√≥n.

Vasco sacudió la cabeza.

-Pero deber√≠as haberlo hecho -dijo Lul√ļ furiosa- si, como dices, son altamente comprometedores...

-De lo √ļltimo puedes estar segura -interpuso el joven.

-Entonces debes ocultarlos enseguida para evitar todo da√Īo. Suponte que algo se filtrase, piensa en toda esta pobre infortunada gente que estar√≠an implicadas en la revelaci√≥n -y Lul√ļ golpe√≥ la lista con un gesto agitado.

-Infortunada, tal vez, pero no pobre -corrigió Vasco-, si lees la lista cuidadosamente notarás que no me he molestado en incluir a nadie cuya situación financiera no sea cuestionable.

Lul√ļ mir√≥ ferozmente a su sobrino en silencio por algunos minutos. Luego pregunt√≥ roncamente:

-¬ŅQu√© piensas hacer?

-Nada por el resto de mi vida -respondi√≥ intencionadamente-. Algo de caza, tal vez -continu√≥- y tendr√© una casa en Florencia. La Casa Sub-Rosa sonar√≠a m√°s bien extra√Īa y pintoresca, ¬Ņno te parece? Y mucha gente podr√≠a darle un significado al nombre. Y supongo que debo tener un hobby; probablemente coleccione Raeburns.

El pariente de Lul√ļ, que viv√≠a en la corte de M√≥naco, recibi√≥ una respuesta m√°s bien brusca cuando ella le escribi√≥ recomend√°ndole alguna nueva invenci√≥n relacionada con la investigaci√≥n marina.

FIN



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